Les syndicats, c’est des travailleur·euses qui se mettent ensemble pour défendre leurs intérêts. C’est dans l’intérêt des personnes qui travaillent d’avoir une répartition des richesses juste, de bonnes conditions de travail et des services publics forts. Mais savez-vous ce qui n’est pas dans l’intérêt des travailleur·euses ? L’agenda des dirigeants du G7.
Les 7 plus grandes économies du monde abritent surtout les plus grands patrons. C’est eux qui pressent la terre et les travailleur·euses comme des citrons pour en tirer le plus de profits. Ils sont les grands responsables des inégalités de richesses gigantesques qui se creusent chaque jour.
Comment les patrons deviennent-ils encore plus riches? Ils convainquent le monde que leurs profits sont plus importants que le bien-être des travailleur·euses. Ils convainquent les dirigeant·es du G7, qui étaient parfois elleux-mêmes des grand·es patron·nes, de mener des politiques pour extraire encore plus de profits sur le dos des travailleur·euses. Ils les convainquent de mener des politiques antisociales. [N.D.L.R : Selon un récent rapport de OXFAM et du CSI basé sur les chiffres de l’OIT, les travailleur·euses ont perdu 12 % de leurs salaires réels depuis 2019, tandis que les rémunérations des grand·es patrons ont augmenté de 54%. Le rapport détaille aussi comment ces mêmes patron·nes achètent des médias et utilisent leurs leviers pour obtenir des postes politiques].
Au nom du profit, Macron, Meloni et autres augmentent l’âge de la retraite, diminuent les salaires, font exploser les loyers et démontent les protections sociales.
Avec leurs profits, Trump, Carney et Merz mènent des guerres en Iran, en Palestine, au Venezuela etc… Mais lorsqu’ils détournent les fonds de la santé, des transports et de l’éducation pour mener leurs guerres, n’est ce pas à nous qu’ils déclarent la guerre ? Parce que nous, on a besoin des services publics au quotidien: on ne peut pas envoyer nos enfants en écoles privées et nos parents en cliniques de luxe.
Les dirigeant·es du G7 font la guerre aux personnes qui doivent travailler pour vivre, ici et dans le Sud global.
Les dirigeant.es du G7 tentent de nous monter les un·es contre les autres pour mieux nous faire oublier que le problème, ce n’est pas les étrangers, ni les fonctionnaires, ni tout autres bouc-émissaire, mais c‘est bien eux. Nous, travailleurs et travailleuses, n’allons pas nous laisser faire. Nous continueront à nous battre pour une vie meilleure pour les travailleur·euses du monde entier.
Ante la reunión del G7 en Evian (Francia) para planificar la destrucción de los pueblos, la explotación de las formas de vida y el dominio de los cuerpos, ¡Organicemos nuestra resistencia contra el fascismo y el imperialismo! ¡Reunámonos del 13 al 17 de junio de 2026 en Ginebra para construir la respuesta internacionalista!
¿Qué es el G7? ¿Por qué oponerse a él?
El G7 reúne cada año a los gobiernos de los siete países más ricos del mundo para hablar de economía y geopolítica. Desde 1975, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Canadá y Japón se reúnen para organizar la dirección capitalista del mundo, con la incorporación de Rusia en 1997, hoy excluida tras la anexión de Crimea en 2014. Donald Trump, Emmanuel Macron, Keir Starmer, Friedrich Merz, Giorgia Meloni, Mark Carney y Sanae Takaichi se darán cita en Evian del 15 al 17 de junio de 2026. Una amplia coalición de colectivos y organizaciones hace un llamamiento a la movilización masiva, sobre una base internacionalista, contra este encuentro.
Contra el fascismo
Una crisis generalizada sacude el capitalismo mundial: con el fin de mantener la hegemonía del Norte global, los miembros del G7, sus principales actores, se radicalizan. Esta reorganización del orden mundial alimenta directamente la toma del poder por parte de la extrema derecha. Sus temas y su vocabulario están ahora omnipresentes en el debate público, mientras que la violencia de su ideología supremacista se desata a escala planetaria. Para garantizar su sitio en esta nueva configuración, los Estados se inclinan hacia prácticas cada vez más autoritarias. Por lo tanto, este proceso de fascistización trasciende los países en los que la extrema derecha ha llegado al poder.
Esta ola de odio, arraigada en la dominación de los grupos oprimidos, se extiende y provoca una violencia mortal y sistémica: islamofobia institucionalizada, asesinatos racistas por parte de la policía, violencia en las fronteras, violencia sexista y sexual, feminicidios, violencia LGBTfóbica y antitrans. Los masculinistas, legitimados por figuras autoritarias, despliegan una ofensiva sin precedentes. Para mantener el orden desigualitario, los movimientos sociales, en particular los ecologistas, feministas, LGBTIQ+, antirracistas y de solidaridad con Palestina, sufren una fuerte represión.
¡Por una lucha antifascista eficaz, ataquemos las raíces del problema encarnadas por los miembros del G7. En este clima de omnipotencia virilista, la lucha contra el fascismo es y siempre será una lucha feminista y queer!
Contra el imperialismo y las guerras contra los pueblos
La cooperación internacional se desmorona en un contexto de carrera armamentística y guerra comercial. Hoy en día, varios países del G7 están gobernados por fuerzas de extrema derecha, que sirven a los intereses de las multinacionales y de los más ricos.
Occidente ha abandonado toda apariencia de respeto por los principios de solidaridad y paz entre los pueblos. Las máscaras caen cuando los gobiernos del G7 se niegan a imponer sanciones contra el Estado colonial y genocida de Israel y violan el derecho internacional, poniendo de manifiesto lo que los pueblos colonizados llevan décadas repitiendo: el proceso de descolonización nunca se ha completado y ha sido sustituido por nuevas formas de dominación imperialista.
Esta última se basa en la multiplicación de las guerras, las más recientes en Irán, Venezuela, Gaza, la República Democrática del Congo y Ucrania. La depredación por parte de los países del G7, pero también por parte de Suiza, se lleva a cabo también a través de sus multinacionales, en una carrera por las materias primas que se están agotando. Este extractivismo desenfrenado explota los cuerpos de los pueblos del Sur global.
Mientras tanto, Occidente cierra sus fronteras a las poblaciones de los países que devasta. Esta violencia colonial no se detiene en las fronteras: también se inflige a las personas exiliadas, racializadas y procedentes de las clases populares.
¡Por el internacionalismo y la solidaridad entre los pueblos, contra el colonialismo y las políticas migratorias mortíferas, organicemos la resistencia!
Contra el capitalismo
El capitalismo se basa en la acumulación de beneficios y en una distribución cada vez más desigual de la riqueza. Se sustenta en la explotación de los recursos planetarios y de los trabajadores y trabajadoras por parte de los más ricos.
Este sistema económico provoca la extinción masiva de especies y el empobrecimiento de la tierra, el agua y el aire. Destruye las vidas, la salud y la dignidad de las personas a las que explota. El 1 % más rico posee casi el 50% de la riqueza planetaria, en detrimento de los derechos fundamentales de gran parte de la población mundial que vive por debajo del umbral de la pobreza, sufre hambre y no tiene acceso a una vivienda digna, a la educación, a la atención sanitaria y a un medio ambiente no contaminado.
Para garantizar los beneficios, los dirigentes del G7, de la mano de la clase capitalista, intensifican sus estrategias habituales: aumento de la jornada laboral y de la edad de jubilación, reducción de los salarios, aumento de los alquileres, desmantelamiento de los servicios públicos y de las protecciones sociales. Para imponer esta agenda a todo el planeta, los países del G7 instrumentalizan la deuda como arma y exportan las políticas de recortes en el gasto público y de privatización a los países del Sur Global.
Cínicamente, las guerras representan tantas oportunidades de lucro para los industriales del armamento. La militarización de nuestras sociedades, justificada por discursos fascistas y securitarios, desvía el dinero público hacia la defensa, lo que conlleva cada vez más austeridad. Ante la masacre de los pueblos palestinos, sudaneses, ucranianos y congoleños, ante la destrucción de la vida, los capitalistas se refregan las manos.
¡Por la solidaridad entre los trabajadores y las trabajadoras de todos los países y contra los espolios, manifestémonos contra el G7!
Encuentros internacionalistas a partir del 13 de junio Gran manifestación el 14 de junio El programa continuará hasta el 17 de junio
Une version antérieure de cet article a initialement été publiée par la revue Contretemps1, le 7 mars 2025, à la veille du 8 mars, Journée internationale des luttes féministes. Il nous a semblé particulièrement utile pour discuter des alliances possibles entre mouvements féministes et mouvements anti-impérialistes et antifascistes. Car avant d’être le jour de la manifestation NOG7, le 14 juin est, en Suisse, la date de la grève féministe, initiée en 1991 et réitérée en 2019. Depuis, chaque année, des d’importantes mobilisations ont lieu sur les lieux de travail, particulièrement dans les secteurs féminisés, et des cortèges massifs manifestent dans chaque ville de Suisse. Nous remercions Aurore Koechlin de l’avoir repris pour l’adapter au présent contexte.
Il y a plus de dix ans, en 2015, naissait le mouvement Ni Una Menos en Argentine, suite à une série de féminicides, dont celui de Chiara Páez. Les manifestations massives qui déclaraient « pas une femme de moins », constituaient le premier acte d’une mobilisation féministe internationale, qui allait bientôt embraser l’Amérique latine, puis le monde avec Me Too. La lutte contre les violences sexistes et sexuelles (VSS) devenait le centre de ce qu’on peut appeler « la quatrième vague du féminisme ».
Dans de nombreux pays d’Amérique latine, comme l’Argentine, le Mexique, ou la Colombie, ces luttes se sont traduites par des victoires, avec l’obtention par la mobilisation de la légalisation de l’avortement. Dix ans après pourtant, le tableau semble plus sombre. En Argentine, au Chili, comme aux États-Unis, l’extrême droite, via Milei, Kast et Trump, a pris le pouvoir. Leurs politiques s’attaquent directement aux luttes et aux acquis féministes et LGBTI+ de la décennie précédente. Tant et si bien qu’il semble légitime, en ce 14 juin 2026 – date de grève féministe en Suisse et veille du sommet du G7 à Évian – de s’interroger : que reste-t-il de la quatrième vague féministe ?
Différentes réponses politiques à la crise de la reproduction sociale
La montée, puis la prise de pouvoir, par le fascisme dans les années 1920 et 1930 est classiquement interprétée comme une réponse à la force du mouvement ouvrier, et au risque d’une révolution imminente. Plus précisément, la crise politique ouverte par la crise économique de 1929 ne parvenait à être réglée ni par le maintien au pouvoir de la bourgeoisie, ni par la prise de pouvoir du prolétariat. Le fascisme est alors apparu comme une réponse crédible à une bourgeoisie en pleine crise d’hégémonie.
Elle faisait en quelque sorte d’une pierre deux coups : conserver son pouvoir économique via un gouvernement qui défendrait ses intérêts, et écraser toute contestation par la destruction physique du mouvement ouvrier. Cette corrélation entre montée de l’extrême droite et force du mouvement ouvrier est précisément ce qui a poussé ces dernières années une partie de l’extrême gauche à minimiser le danger de l’extrême droite : la bourgeoisie parvenant malgré tout à imposer ses contre-réformes libérales, l’extrême droite n’aurait pas été une réelle alternative aux yeux des classes dominantes. À tort malheureusement, comme l’évolution de la situation l’a montré.
Dans cette perspective, on pourrait alors relire la montée de l’extrême droite à l’échelle internationale dans les années 2010 et 2020 comme une réponse à la force non moins internationale du mouvement féministe et LGBTI+ : c’est par exemple l’analyse que propose Veronica Gago2. Le mouvement féministe aurait en quelque sorte pris la place d’un mouvement ouvrier affaibli, notamment en mettant en son centre l’arme de la grève féministe comme réponse aux attaques néolibérales et patriarcales contemporaines. Et de fait, l’extrême droite développe un discours très élaboré sur le genre et les sexualités, et apparaît comme cristallisant une forme de backlash contre la quatrième vague féministe.
« Dans cette perspective, on pourrait alors relire la montée de l’extrême droite à l’échelle internationale dans les années 2010 et 2020 comme une réponse à la force non moins internationale du mouvement féministe et LGBTI+. »
Il est symptomatique que Milei arrive au pouvoir dans un des pays où le mouvement féministe a été le plus fort ces dernières années, l’Argentine. Dès son accession au pouvoir, Trump a immédiatement promu un ensemble de décrets anti-trans, transférant les femmes trans emprisonnées dans des prisons pour hommes, déremboursant les transitions pour les mineur·e·s, interdisant aux personnes trans le service militaire et les compétitions sportives, ou encore faisant annuler les passeports des personnes non binaires. Trump a également interdit l’usage par son administration ou par les recherches scientifiques financées par l’État de certains mots, désormais interdits – comme « genre », « femme », « LGBT », « race », ou encore « changement climatique ».
Mais la montée de l’extrême droite n’est pas d’abord une réponse à la force du mouvement féministe : si ces deux phénomènes sont effectivement corrélés, c’est qu’ils sont le produit d’un tiers facteur, la crise du capitalisme et de sa dernière mue néolibérale, crise qui est tant économique et sociale que sanitaire et écologique. Or, dans cette crise multiforme, la question du genre est centrale. En effet, un des aspects que revêt la crise du capitalisme néolibéral n’est autre que la crise de la reproduction sociale, également appelée « crise du care ».
Qu’entend-on par-là ? Le capitalisme est depuis toujours pris dans une contradiction indépassable entre sa recherche effrénée d’accumulation des profits, produits par notre travail, et la nécessité dans laquelle il se trouve de reproduire et de prendre soin des travailleur·ses, donc d’assigner une partie de celleux-ci au travail du care ou au travail reproductif, soit le travail qui (re)produit les travailleurs·ses (historiquement, cette assignation a surtout été celle des femmes, des populations immigrées et aujourd’hui racisées). Nancy Fraser a bien montré comment à chaque époque du capitalisme, ce dernier est parvenu à résoudre cette contradiction de façon différente, mais toujours imparfaite3.
Aujourd’hui, à un capitalisme néolibéral correspond une gestion néolibérale de la reproduction sociale. Celle-ci connaît alors un double mouvement. D’un côté, la prise en charge de la reproduction sociale par les services publics est remise en cause (baisse des financements, manque d’effectifs, fermetures, etc.) pour que se développe au contraire sa marchandisation. De l’autre, la reproduction sociale revient de plus en plus à la charge des femmes de façon gratuite et invisibilisée dans le cadre familial. C’est ce que souligne Nancy Fraser :
« Dans un contexte d’inégalités sociales croissantes, cela aboutit à une reproduction sociale à deux vitesses : utilisée comme marchandise pour celleux qui peuvent en payer le prix, restant à charge de celleux qui n’en ont pas les moyens ».
Ainsi, la contradiction se trouve résolue, puisque le travail reproductif devient un travail qui produit des profits, dans la mesure où il est mis sur le marché. Mais ce dépassement se fait au prix de la reproduction sociale elle-même : un certain nombre de travailleur·se·s ne parviennent plus à assurer leur propre soin (plus de temps pour se faire à manger, pour s’occuper de sa santé, pour prendre soin de ses enfants, par exemple). C’est pourquoi on peut parler de crise de la reproduction sociale.
Or, ces évolutions ne se font pas sans une réponse du mouvement féministe et LGBTI+. La quatrième vague du féminisme, en soulignant combien la famille est le lieu de production de violences, combien la construction de deux genres uniques et opposés sert en définitive à la renforcer, remet en question cette structure comme unité économique de la société. Elle défend au contraire une autre prise en charge de la reproduction sociale, par sa socialisation, tout au contraire de ce que fait le néolibéralisme. La quatrième vague féministe propose ainsi de sortir de la crise de la reproduction sociale par le développement des services publics, mais aussi leur extension, par exemple par la mise en place de crèches et de cantines collectives dans les entreprises et dans les lieux de vie.
L’extrême droite propose une résolution bien différente à cette crise de la reproduction sociale, et en tout point opposée. De la même façon que dans le champ de la production elle propose un néolibéralisme autoritaire et identitaire, elle propose dans le champ de la reproduction sociale une version encore plus autoritaire et identitaire de ce qui existe déjà. Il va s’agir de poursuivre la destruction des services publics et leur mise sur le marché de façon accélérée, tout en en préservant une fraction de la population, du moins c’est ce qu’elle promet en discours.
Félicien Faury, sociologue français spécialiste du vote d’extrême-droite en France, a effectivement montré que le parti d’extrême-droite français, le RN, défendait une forme de « protectionnisme reproductif » pour les classes moyennes blanches, ce qui pourrait d’ailleurs constituer une des raisons explicatives du vote des femmes pour le RN. L’accès à ce qui reste de services publics ne serait ainsi assuré que pour les populations blanches. Mais au-delà, l’extrême droite propose une autre voie d’issue à la crise de la reproduction sociale, et qu’elle assume très largement – le retour des femmes au foyer, dont les trad wives sont la manifestation la plus spectaculaire sur les réseaux sociaux.
C’est pourquoi la production idéologique d’un discours réactionnaire et transphobe n’a pas uniquement pour but d’écraser les avancées de la nouvelle vague féministe, ni d’instrumentaliser ces thématiques dans un but électoral autour de « paniques morales » construites de toute pièce, même si ces deux dimensions sont évidemment importantes. Elle est aussi parfaitement en adéquation avec une vision du monde congruente entre la sphère de la production et la sphère de la reproduction. La famille doit reprendre toute sa dimension économique, elle doit redevenir le lieu central de la reproduction sociale : pour ce faire, il faut une idéologie qui le justifie et qui réaffirme cette fiction qu’est la famille hétérosexuelle monogame composée d’un « homme » et d’une « femme », avec une division clairement genrée du travail.
Féminisme ou barbarie : une polarisation accrue
Regarder une telle situation en face a de quoi inquiéter. D’un certain côté, les années 2010 où nous connaissions un incroyable élan des mobilisations internationales – qu’on pense à Black Lives Matter ou à Me Too – semblent bien lointaines. Cette situation n’est pas effacée bien sûr, et nous devons nous rappeler que les mobilisation internationales de soutien à la Palestine de ces dernières années ont été massives dans de nombreux pays. Mais il est indéniable que la situation a évolué : il est difficile aujourd’hui de ne pas tenir compte dans l’équation politique du danger que représente cette internationale d’extrême droite qui s’est développée, qui gouverne dans de nombreux pays, et qui en menace d’autres.
Néanmoins, la montée de l’extrême droite ne met pas fin à la quatrième vague féministe. La particularité de la situation est que les deux ont lieu simultanément. En France, le mouvement Me Too continue de se développer dans toutes les sphères de la société : le procès Mazan en est une fois de plus la preuve, et avec l’affaire Bétharram, pose enfin à une échelle de masse la question de l’inceste et de l’oppression spécifique des enfants. Aux États-Unis, suite à la révocation de l’arrêt Roe vs Wade, une véritable mobilisation numérique s’est déployée sur Tik Tok afin de permettre aux femmes souhaitant avorter et ne pouvant plus le faire d’être hébergées dans un autre État, voire un autre pays, comme le Canada4.
En Argentine, une manifestation massive a eu lieu le 1er février dernier pour répondre aux propos anti-féministes et anti-LGBTI+ de Milei. La situation est donc avant tout caractérisée par une très forte polarisation. Cette polarisation trouve d’ailleurs une expression dans certaines enquêtes scientifiques. Il y a quelques mois, Le Monde titrait « Les jeunes femmes sont de plus en plus progressistes, tandis que les hommes du même âge penchent du côté conservateur »5 : ce constat effectué par plusieurs études concerne les jeunes générations, et a lieu simultanément à l’échelle internationale, puisqu’il se retrouve tout aussi bien en Europe, aux États-Unis, qu’en Corée du Sud, en Chine ou en Tunisie. En France, le Haut Conseil à l’Égalité entre les femmes et les hommes (HCE) ne dit pas autre chose dans son dernier rapport de janvier 2025, intitulé significativement « À l’heure de la polarisation » : surtout chez les jeunes, les femmes sont plus féministes, et les hommes sont plus masculinistes6.
Dans un tel contexte de polarisation croissante, et de force de la quatrième vague féministe à l’échelle internationale, le mouvement féministe doit prendre la mesure de toutes ses responsabilités dans la lutte contre l’extrême droite.
Il doit être force d’impulsion pour des réponses unitaires contre l’extrême droite – manifestations, constitution de collectifs unitaires pour organiser la riposte, grèves féministes contre l’extrême droite. Cela implique trois choses.
Premièrement, le mouvement féministe ne doit pas tomber dans le piège sectaire d’un repli sur lui-même à une heure où il peut se sentir très minoritaire. Cette tentation est toujours présente, elle peut l’être d’autant plus dans une période où le risque de démoralisation est fort. Parce que le mouvement féministe a le sentiment que son action politique ne parvient pas à influencer la société, il se tourne sur lui-même, sur ses débats internes, sur le niveau de responsabilité dans la situation de chaque collectif, pire, sur le degré de pureté militante de chacun·e de ses membres. Quel groupe, quel·le individu a dit, a fait telle chose problématique ? Et dans une période au climat dégradé, on ajoute de la peur à la peur. Rien de plus démobilisateur. Nous devons nous le répéter une fois pour toute : nos pratiques et nos discours ne seront jamais « parfaits » tant que nous vivrons dans une société qui demeure inchangée par ailleurs. Cela ne veut pas dire qu’il ne faut pas les politiser, mais cela veut dire qu’il est absurde de les moraliser.
Ensuite, le mouvement féministe doit réussir à se détacher au moins partiellement des critiques qui le créditent de tous les maux de la terre, et qui ne peuvent tout simplement là encore que mener à l’inaction. Les risques de récupération par l’État, le fait que les fractions les plus dotées du mouvement (en termes de race et de classe) soient celles qui soient le plus mises en avant, son caractère situé, etc., n’est pas le propre du mouvement féministe, il concerne tous les mouvements sociaux : que chacun·e balaye devant sa porte. Pourquoi n’interroge-t-on que le mouvement féministe ? Je vous laisse deviner la réponse.
Cela ne veut bien sûr pas dire qu’il ne faille pas œuvrer à améliorer cet état de fait, c’est une certitude. Mais cela ne doit pas servir de prétexte pour disqualifier l’entièreté du mouvement, comme c’est le cas depuis des années dans certains milieux d’extrême gauche, pourtant souvent bien moins prompts à critiquer les syndicats et les partis. Depuis Me Too, des femmes et des minorités de genre qui n’avaient jamais milité auparavant se sont politisé·es sur la question des VSS : plutôt que de leur reprocher de ne pas être suffisamment anti-carcéral·es, passons un cap en les convainquant que l’extrême droite, par sa vision du genre, des sexualités et de la famille, est notre ennemi mortel. Nos choix, nos corps, nos familles, nos vies sont en jeu. En tant que femmes, que LGBTI+, nous n’avons rien à prouver.
C’est donc tout le contraire qu’il faut faire. Il faut agir, et il faut le faire dans la démarche la plus large et unitaire possible. D’autant plus que, sous la pression de la situation, des clarifications ont lieu en accéléré. Dans le mouvement social, l’islamophobie, les attaques anti-trans, sont maintenant clairement identifiées à l’extrême droite. Parallèlement, le mirage d’un féminisme néolibéral, qui depuis les années 1980 avait fait tant de promesses, est en train de s’effondrer sous nos yeux, avec le ralliement des secteurs du capitalisme réputés « progressistes » à Trump. Le plus marquant est sans doute celui du secteur de la Tech, avec l’exemple de Mark Zuckerberg, qui a, du jour au lendemain, mis fin à toute politique de diversité au sein de son entreprise, et tenu un discours crypto-masculiniste. Ce faisant, nous avons la démonstration éclatante que le capitalisme n’a jamais été que tactiquement et en apparence un allié des femmes et des minorités de genre.
Enfin, le mouvement féministe doit sortir de son isolement, et renforcer ses alliances. La première et la plus évidente vu le danger de l’extrême droite est bien sûr avec le mouvement antiraciste. La deuxième concerne la solidarité internationaliste, notamment avec la Palestine, dans une période d’extension des guerres, où la menace du « réarmement démographique » menace directement nos acquis féministes. Une autre est également d’une grande importance – celle avec les syndicats, à l’heure actuelle première organisation des travailleur·se·s. Aucune riposte contre l’extrême droite ne pourra se faire sans les syndicats. Et concernant les liens entre mouvement féministe et syndicats, beaucoup reste encore à faire.
Nous devons bien en avoir conscience, la polarisation dans laquelle nous nous trouvons ne peut mener qu’à une chose : féminisme ou barbarie. Mais rien n’est encore écrit.
En ce 14 juin 2026, même si la situation a changé, que reste-t-il de la quatrième vague féministe ?
Tout. Et pour cette raison, tout est encore possible.
Aurore Koechlin est sociologue et militante féministe marxiste. Elle est autrice deux livres parus aux éditions Amsterdam: La Révolution féministe, 2019, et La norme gynécologique. Ce que la médecine fait au corps des femmes, 2022.
Nancy Fraser, « Crise du care ? Paradoxes socio-reproductifs du capitalisme contemporain », in Tithi Bhattacharya (dir.). Avant 8 heures, après 17 heures. Capitalisme et reproduction sociale, Toulouse, éditions Blast, 2020. ↩︎
À laisser traîner dans la cuisine pour que ta maman ou tes colocs aient enfin la ref de tes longues tirades anti-impérialistes.
Le G7 – ou groupe des sept – c’est la réunion (les gens qui veulent se donner un style disent aussi le «sommet») de sept des pays les plus influents économiquement dans le monde. Actuellement, il est composé de la France, l’Allemagne, les États-Unis, le Royaume-Uni, le Japon, le Canada et l’Italie. L’Union européenne en fait aussi plus ou moins partie. Avant, la Russie était dedans aussi (on parlait de G8, mais après l’annexion de la Crimée en 2014, sa participation a été suspendue). Le premier G7 a eu lieu dans les années 70, et un nouveau sommet a lieu chaque année, à un endroit différent. Cette année, ce sera à Évian, du 15 au juin 20261.
Ok, mais qu’est-ce qui se passe à ce sommet alors ?
On imagine qu’il y a sûrement un super buffet caviar à gogo, des parties de golf à suspense et des sessions où tout le monde se montre ses meilleures photos de vacances à l’île de Little St-James. Mais en dehors de ça, c’est un des espaces-clés ou les personnes les plus influentes de la planète se réunissent, font ami-ami et prennent des décisions sur la marche du monde. Ils se coordonnent sur des thématiques liées à l’économie ou à la guerre, par exemple. En gros : c’est un Club méga VIP lors duquel se décident les priorités mondiales et se coordonnent les positions collectives de ces pays qui dominent le globe.
Bien entendu, vu l’importance de ce moment, l’ordre du jour est décidé démocratiquement par touxtes les habitantexs des pays concernés, et des assemblées citoyennes déterminent les prises de positions que les leaders doivent adopter, ou les accords que ceux-ci sont en droit de signer, et sous quelles conditions. Ah non, oups ! Pas du tout. On a dû se tromper de sommet. Il n’y a bien sûr aucune consultation « démocratique » pré-G7. C’est un entre-soi de personnes super-riches et puissantes, qui décident derrière des portes fermées de notre présent et de notre futur, ainsi que de celui de milliards de personnes dans tous les pays du monde, particulièrement ceux affectés par la guerre, le réchauffement climatique ou d’autres crises, qui subissent les plus grosses conséquences de décisions prises sans avoir voix au chapitre.
Le G7/G8 a aussi un historique important de contestations, organisés en manifs, mouvements populaires et contre-sommets. Citons celui de Seattle en 1999, de Gênes en 2001, d’Évian en 2003 (avec des manifestations massives à Genève et Lausanne), ou plus récemment celui d’Hambourg en 2017. L’époque n’est plus la même, mais la séquence ne s’est pas complètement refermé. C’est dans cette lignée que se tient le NOG7, du 13 au 17 juin : une grande manifestation, plein d’évènements, de discussions et de table-rondes pour contester la tenue de cette réunion et remettre en question sa légitimité.
Cette année, un des axes principaux sera la lutte pour la libération de la Palestine. Tous les acteurs présents au G7 sont complices du génocide : soit en vendant directement des armes à l’armée israélienne, soit en lui fournissant des fonds, du pétrole ou simplement en refusant de condamner publiquement Israël et son génocide en cours. D’autres thématiques seront sur le devant de la scène : le féminisme, par exemple, parce que plusieurs pays présents s’attaquent aux droits des femmes et des personnes queer, surtout des personnes trans. Criminalisation de l’avortement (USA), freinage de l’accès aux soins médicaux ou aux transitions (USA, Royaume-Uni, notamment), interdictions d’adoption conjointe pour les couples homosexuels (Italie), … etc. On parlera aussi d’extractivisme, ce mode d’organisation – pur produit du capitalisme et du colonialisme – par lequel les entreprises (ou les États) peuvent piller les ressources de pays du Sud global, en exploitant la population locale et en l’exposant souvent à des conditions de travail ou de vie hyper dangereuses, pour se fournir notamment en métaux rares (comme le lithium, utilisé dans nos smartphones et ordis par exemple), et se faire un maximum d’argent sur le dos de personnes pauvres et faciles à ignorer.
On espère que ça t’éclaire un peu sur ce que c’est le G7, sur les raisons de la tenue de ce contre-sommet qui dénonce les atrocités commises souvent impunément par ses membres, et qui exige qu’on soit touxtes invitées à décider de notre présent et de nos futurs.
Ça devait être le 14, mais Trump organise des combats de MMA à la maison blanche pour son anni, alors ils ont dû décaler (ce n’est pas une blague). ↩︎
Le 15 avril 2023, une guerre a éclaté au Soudan, opposant deux camps: d’un côté, l’armée soudanaise, dirigée par le général Abdel Fattah Al-Burhan qui est arrivé au pouvoir en 2021, après un coup d’Etat contre le gouvernement de transition issu des mouvements révolutionnaires qui ont débuté en 2018. De l’autre, la milice des Forces de soutien rapide dirigées par Mohamed Hamadan Dagalo (appelé Hemedti). Hamad Gamal nous partage ici la vision du camp révolutionnaire, qui lutte à la fois contre l’Armée soudanaise et contre les Forces de soutien rapide.
Silure:La situation politique actuelle au Soudan est mal connue car les médias traditionnels dans le monde occidental n’y prêtent pas attention ou, lorsqu’ils le font, préfèrent un cadrage humanitaire ou sensationnaliste qui élude les analyses politiques. Peux-tu nous rappeler en quelque mots quand est-ce que la guerre a éclaté et les raisons de son déclenchement?
Hamad Gamal : Aujourd’hui c’est le troisième anniversaire de cette guerre qui a commencé le 15 avril 2023, et qui a éclaté juste après un moment de la révolution très important dans l’histoire du Soudan, qui nous a fait vivre dans un état d’espoir, d’enthousiasme pour la construction d’un pays libre et digne, etc. Cette guerre a été déclenchée en pleine mobilisation révolutionnaire, mobilisation qui a duré pendant plus de trois ans. Elle s’inscrit donc dans un cadre contre-révolutionnaire et a pour objectif d’étouffer les luttes des soudanais·es. Mais c’est aussi une guerre qu’on pourrait qualifier de ‘guerre par procuration’, car certains pays ont des intérêts économiques et géopolitiques au Soudan, et la situation de guerre sert très bien les intérêts de ces pays. O peut aussi qualifier cette guerre d’impérialiste, parce que certains pays choisissent d’exploiter les ressources naturelles du pays de manière brutale.
Après trois ans, le bilan est très lourd sur le plan humanitaire, en termes de nombre de morts, de déplacement, d’effondrement économique du pays, etc. C’est une situation catastrophique, plusieurs rapports de l’ONU définissent la situation actuelle au Soudan comme l’une des plus graves au monde aujourd’hui. Et tout cela intervient dans un contexte où la situation politique reste assez sombre. Il n’y a pas d’espoir pour une solution politique dans ce conflit, dans un contexte où la guerre ne cesse de s’étendre dans le pays. Elle touche maintenant des zones jusque là épargnées, et elle redémarre également dans des régions déjà touchées, où le calme était revenu. Après trois ans, la guerre est encore très active car les acteurs qui la financent sont toujours là, et les raisons de la guerre sont toujours les mêmes.
« La guerre a stoppé les mobilisations révolutionnaires, tout en permettant à beaucoup d’acteurs de continuer à exploiter les ressources matérielles du pays. »
Silure:Pendant les Rencontres internationales contre le G7 qui auront lieu à Genève mi-juin, tu participeras à une table-ronde sur l’extractivisme. Quelles sont les ressources naturelles présentes au Soudan, et en quoi la guerre actuelle est aussi une guerre pour le contrôle de ces ressources?
Hamad Gamal: Cette guerre est une guerre autour des ressources naturelles. Et la question de l’extractivisme est un enjeu qui a une longue histoire au Soudan, car le pays est très riche en ressources naturelles, on y trouve du pétrole, de l’or, de l’uranium, des terres agricoles, du bétail, etc. Malheureusement, ces ressources deviennent une malédiction, dans la mesure où elles déclenchent des guerres et plongent le pays dans le chaos, au lieu d’être des moyens d’enrichissement qui financent les services à la population. C’est valable pour le Soudan, mais aussi pour le Congo et bien d’autres pays africains ou non-occidentaux.
Si on essaye de retracer l’histoire de ce conflit au Soudan, on commence dès l’indépendance [en 1952], lorsque la guerre a éclaté entre le Soudan du sud et le Soudan du nord, notamment autour du pétrole disponible au sud. Certains pays ont soutenu donc soutenu le sud, tandis que d’autres ont appuyé le nord du Soudan, ce qui a conduit à une guerre qui a duré plusieurs années. Cette situation s’est élargie à d’autres régions, au-delà du Soudan du sud, pour les mêmes raisons. Par exemple à l’est, où la guerre a éclaté dans les années 1990, autour de l’exploitation de l’or. C’est une région très riche grâce à ce minerai, mais c’est très mal géré. Au Darfour, zone qui regorge de pétrole et d’uranium, des guerres successives ont déstabilisé la région pour ces mêmes raisons.
La guerre que l’on vit aujourd’hui s’inscrit dans la continuité de ces guerres historiques pour les ressources naturelles. Des guerres de rivalité entre l’agriculture d’un côté et les nomades de l’autre. La question du partage des terres est très importante dans le conflit soudanais, dans la mesure où l’État n’est pas en mesure d’être souverain sur l’ensemble des territoires du pays. On peut donc parler de guerre écologique, autour du partage des terres, mais aussi de l’eau. Actuellement, pour certains acteurs qui participent et financent la guerre, elle est une source d’économie en soit, parce que leurs intérêts ne sont pas menacés. L’exportation de l’or continue, malgré la guerre. Plusieurs rapports se concentrent sur l’augmentation de la production et de l’exportation d’or soudanais depuis le début de la guerre, mais d’autres produits importants sont concernés, comme par exemple la gomme arabique [matière première pour l’industrie agroalimentaire qui sert de stabilisateur, connue sous le code E414, ndlr] qui continue d’être acheminée. Et c’est bizarre, car on entend beaucoup parler de la difficulté d’accès au Soudan à laquelle l’aide humanitaire fait face, en raison de la guerre et du fait que les routes ne sont pas sécurisées. Mais l’exploitation et l’exportation de l’or et de la gomme arabique se poursuivent, de façon continue. Le marché mondial dépend à 90% de la gomme arabique soudanaise, et il n’est pas affecté par cette guerre.
« La guerre est une source économique en soi pour certains acteurs, qui continuent d’exploiter les ressources naturelles sans impact. Au contraire, tous les secteurs du pays liés aux besoins de la population subissent les conséquences de la guerre: l’économie intérieure, les services, la sécurité, l’aide humanitaire… »
Silure: Tu parlais d’impérialisme au début de la discussion et, comme le dit Jordi – un camarade du collectif Génération lumière – dans un entretien croisé avec toi, une des formes que prend l’impérialisme c’est « d’avoir des pays-ressources, des pays greniers, où on va puiser jusqu’à ce qu’il n’y ait plus rien, pour bénéficier à un marché qui est totalement extérieur »1. Peux-tu nous parler de ces logiques impérialistes, de qui sont les acteurs étrangers qui interviennent au Soudan pour exploiter les ressources naturelles?
Hamad Gamal: Quand on parle des puissances impérialistes qui interviennent au Soudan, il faut en mentionner beaucoup parce que c’est un pays riche, donc le pays attire beaucoup d’intérêts extérieurs. On le sait : beaucoup de conflits émergent autour du « partage du gâteau ». On a parlé de l’or, et l’un des pays les plus entreprenant dans la guerre pour l’or sont les Émirats arabes unis, un petit pays très actif dans la déstabilisation du Soudan – et plus largement dans cette région du monde, la corne de l’Afrique. Les Émirats cherchent aussi à exploiter les terres agricoles du Soudan. Sans oublier la Russie, qui exploite l’or soudanais depuis longtemps et qui change d’interlocuteurs ou d’alliés selon ses intérêts: elle a ainsi été proche, un temps, des Forces de soutien rapide, puis elle a basculé vers l’armée soudanaise.
Ou encore l’Égypte, dont l’économie dépend beaucoup du Soudan, notamment pour ses produits agricoles, comme les céréales, de manière générale pour son alimentation. Que ce soit le bétail ou les produits agricoles, je pense que plus de 50% des importations viennent du Soudan, donc il y a un grand intérêt à contrôler cette région et à exploiter ces terres. Le rôle de l’Égypte a été très important ces dernières années pour stopper et étouffer la mobilisation des Soudanais·es car elle sait que si la révolution va jusqu’au bout, cela menace les intérêts égyptiens. En 2021, elle a encouragé l’armée à mener un coup d’État contre le gouvernement de transition soudanais, ce qui a changé la trajectoire du pays de manière brutale. Enfin, on trouve aussi la Chine, la Turquie, ou les États-Unis qui visent le contrôle de la Mer Rouge, une zone très stratégique. Le conflit actuel au Moyen Orient révèle l’importance de cette Mer Rouge, qui fait le lien entre la Méditerranée et l’océan Indien. Ces pays cherchent le contrôle de cette zone depuis toujours, afin d’installer des bases militaires. Voilà, le Soudan est un terrain ouvert pour l’ensemble des régions, où chacun cherche à avoir sa part de gâteau.
Silure: Dans un article en ligne sur Sudfa2, tu expliques qu’en avril 2025, le Soudan a saisi la Cour internationale de justice (CIJ) de l’ONU et déposé une plainte contre les Émirats arabes unis pour dénoncer l’ingérence de cet État dans ses affaires, notamment en finançant le génocide perpétré par les Forces de soutien rapide. Au-delà de ces démarches juridiques, les Soudanais·es luttent au quotidien pour leur souveraineté. Quelles formes prennent ces luttes populaires, comment se poursuivent-elles pendant la guerre?
Hamad Gamal: Les mobilisations pour la souveraineté ne s’arrêtent jamais, même si elles sont rendues très compliquées par le contexte de la guerre, qui a posé d’autres priorités, un agenda qui n’existait pas auparavant. Tant à l’intérieur du pays que pour les Soudanais·es en exil, il y a une recherche constante: comment aller dans le sens de la contestation et de la résistance. Depuis l’intérieur du pays, on peut observer des résistances pour la souveraineté alimentaire, notamment dans les contextes de siège, où les questions de nourriture sont devenues une arme de guerre. Donc les Soudanais·es, dans leurs perspectives de contestations de ces logiques impérialistes et colonialistes, et contre cette arme de guerre qui les affament, cherchent à imposer des alternatives ou des solutions locales. Aujourd’hui, on observe au sein des chambres d’urgence [structures humanitaires populaires gérées par les comités de résistancesoudanais, ndlr] que se développent beaucoup de potagers collectifs. Les gens cultivent les terres avec les produits nécessaires pour ne pas dépendre de l’extérieur, dans une logique de souveraineté alimentaire. En parallèle, certaines structures recherchent des ressources financières qui permettent de développer ces projets sans dépendre de grandes structures mondiales, qui imposent leur propre agenda et leurs conditions. Ces initiatives se reposent sur la diaspora soudanaise, pour éviter de dépendre de subventions internationales. C’est une manière de reprendre le contrôle en s’appuyant sur des efforts collectifs qui imposent moins de conditions, de contraintes et d’agendas politiques cachés.
« Les mobilisations pour la souveraineté ne s’arrêtent jamais, même si elles sont rendues très compliquées par le contexte de la guerre, qui a posé d’autres priorités, un autre agenda qui n’existait pas auparavant. »
Hors du pays, nous sommes toujours dans cette perspective, pour que l’organisation révolutionnaire dépende le moins possible de financements qui viendraient d’organisations problématiques. Car il en existe beaucoup, dans le cas du Soudan, qui peuvent aller jusqu’à des financements de l’extrême droite occidentale. Celle-ci considère que les camarades au Soudan sont le camp progressiste qui lutte contre l’islam politique et prend ces personnes comme des alliés par défaut. Ce n’est pas le cas, en réalité: même si nous, révolutionnaires, nous opposons à l’islam politique, nous ne nous rangeons évidemment pas aux côtés de l’extrême droite qui instrumentalise cette question. Nous veillons à ne pas créer de dépendance ni à accepter n’importe quel financement, dans un contexte d’exil où la diaspora compte des moyens très limités, particulièrement dans certains pays comme le Kenya, l’Ouganda ou l’Égypte, où les préoccupations économiques restent très importantes. Donc oui : la question de la souveraineté est une des notions les plus présentes dans nos réflexions, et cela vient du fait que, ces dernières années, beaucoup de pays ont joué un rôle majeur dans les interruptions des mobilisations au Soudan, en déployant d’importantes ressources financières, en finançant des partis politiques, des élites soudanaises, ce qui a finalement participé au déclenchement de la guerre. Aujourd’hui, nous misons sur l’espoir de ne pas reproduire les mêmes problèmes. Les gens sont très attentifs sur les questions de financement, avec l’idée que cette souveraineté politique passe par la souveraineté économique.
Silure :Est-ce que tu voudrais ajouter quelque chose pour conclure ?
Hamad Gamal: Oui, on parle aujourd’hui beaucoup de l’’absence de la communauté internationale au Soudan. Mais, d’une certaine manière j’ai envie de dire tant mieux, cette absence nous a permis de créer du lien avec d’autres forces très importantes, même si elles n’ont pas les mêmes capacités. Cela nous a permis d’aller vers des collectifs et des organisations avec qui on partage des visions politiques, des valeurs, des lignes politiques, tant sur la situation du monde de manière générale que sur la situation particulière du Soudan. Cela nous a donné la possibilité de tisser des liens avec beaucoup de groupes ici, très sensibles, très attentifs à certaines questions. On peut citer le colonialisme, le respect de l’autre, la place des personnes concernées dans les débats relatifs à leur pays ou leur situation. Vraiment je ne regrette pas de ne pas voir la communauté internationale mobilisée au Soudan, quand je vois les mobilisations de la société civile ici. Et nous nous concentrons, avec les personnes avec qui nous partageons une vision révolutionnaire, ou radicale en tout cas, sur la construction d’un monde plus équilibré et plus juste.
* Hamad Gamal est membre de Sudfa, un média franco-soudanais en ligne qui couvre l’actualité politique au Soudan, en traduisant et diffusant les perspectives politiques du mouvement révolutionnaire du pays. Le média est né lors de la révolution soudanaise de 2018, à l’initiative de militant·es soudanais·es en exil et de militant·es engagé·es dans le soutien aux personnes en exil en France. L’entretien est réalisé par le Silure, centre de luttes autonomes à Genève.
NO G7: Internationalistischen Widerstand organisieren!
Angesichts des G7-Gipfels, der in Évian (Frankreich) mit dem Ziel der Vernichtung von Völkern, der Ausbeutung der Menschen und der Unterwerfung der Körper stattfindet, organisieren wir unseren Widerstand gegen Faschismus und Imperialismus! Wir treffen uns vom 13. bis zum 17. Juni 2026 in Genf, um die internationalistische Gegenoffensive aufzubauen!
Was ist der G7-Gipfel und warum sind wir dagegen?
Der G7-Gipfel bringt jährlich sieben Regierungen der reichsten Länder der Welt zusammen, um über Wirtschaft und Geopolitik zu sprechen. Seit 1975 treffen sich die USA, Frankreich, das Vereinigte Königreich, Deutschland, Italien, Kanada und Japan, um die kapitalistische Ausrichtung der Welt zu organisieren. Russland trat 1997 der Gruppe bei, wurde aber 2014 nach der Annexion der Krim wieder ausgeschlossen.
Donald Trump, Emmanuel Macron, Keir Starmer, Friedrich Merz, Giorgia Meloni, Mark Carney und Sanae Takaichi treffen sich vom 15. bis 17. Juni 2026 in Évian. Deshalb ruft eine breite Koalition von Kollektiven und Organisationen zu einer internationalistischen, großflächigen Mobilisierung gegen dieses Treffen auf.
Gegen den Faschismus
Der globale Kapitalismus befindet sich in einer weitreichenden Krise, und die Mitglieder des G7 radikalisieren sich, um ihre Stellung als Hauptakteure der Vorherrschaft des globalen Nordens aufrechtzuerhalten. Diese Neugestaltung der Weltordnung begünstigt direkt den Machtgewinn der extremen Rechten: Ihre Themen und ihr Vokabular sind mittlerweile in der öffentlichen Debatte allgegenwärtig, während ihre gewaltvolle Ideologie der eigenen Vorherrschaft weltweit wütet.
Um ihren Platz in dieser neuen Konstellation zu sichern, greifen die Staaten zunehmend auf autoritäre Handlungsweisen zurück. Dieser Prozess der Faschisierung betrifft nicht nur Länder, in denen die extreme Rechte bereits an der Macht ist.
Diese Welle des Hasses, die in der Herrschaft über unterdrückte Gruppen verankert ist, breitet sich aus und führt zu systemischer und tödlicher Gewalt: institutionalisierte Islamophobie, rassistische Polizeimorde, Gewalt an Grenzen sowie sexistische und sexualisierte Gewalt, Feminizide und trans- und queerfeindliche Gewalt. Maskulinisten, die sich durch autoritäre Persönlichkeiten bestätigt fühlen, starten eine Offensive, wie es sie noch nie gegeben hat.
Damit diese ungleiche Ordnung aufrechterhalten werden kann, sind insbesondere ökologische, feministische, LGBTIQ+, antirassistische und palästinasolidarische Bewegungen starker Repression ausgesetzt.
Für einen effektiven antifaschistischen Kampf nehmen wir uns der Wurzel des Problems an, die durch die Mitglieder des G7 verkörpert wird. In diesem Klima, in dem Männlichkeit als allmächtig inszeniert wird, ist der Kampf gegen den Faschismus immer auch ein queerer und feministischer Kampf!
Gegen Imperialismus und den Krieg gegen Völker
Aufgrund von Wettrüsten und Wirtschaftskriegen zerbröckelt die internationale Zusammenarbeit. Heute werden mehrere Länder des G7 von rechtsextremen Kräften regiert, die nur den Interessen der Reichsten und der großen Unternehmen dienen.
Der Westen hat offenbar jeglichen Respekt vor dem Prinzip der Solidarität und des Friedens zwischen den Völkern aufgegeben. Die Masken der G7-Regierungen sind gefallen, als sie sich geweigert haben, gegen den kolonialen und genozidalen Staat Israel Sanktionen zu verhängen, und sich stattdessen entschieden haben, internationales Recht zu ignorieren.
Dies macht sichtbar, was kolonisierte Völker seit Jahrzehnten sagen: Die Dekolonialisierung wurde nie abgeschlossen, sondern durch neue imperialistische Unterdrückungsformen ersetzt.
Diese Unterdrückung äußert sich in einer Zunahme von Kriegen, etwa in Venezuela, Gaza, Sudan, in der DR Kongo und in der Ukraine. Diese Plünderung durch die Länder des G7, aber auch durch die Schweiz, erfolgt unter anderem durch ihre Großunternehmen, die ein Wettrennen um die zur Neige gehenden Rohstoffe betreiben. Dieser fanatische Extraktivismus beutet die Völker des globalen Südens aus.
Gleichzeitig schließt der Westen seine Grenzen für die Bevölkerungen, die er ausbeutet. Diese koloniale Gewalt endet jedoch nicht an den Grenzen: Sie wird auch Menschen im Exil, rassifizierten Personen und Menschen aus unteren Klassen auferlegt.
Für Internationalismus und Solidarität zwischen den Völkern! Gegen Kolonialismus und eine tödliche Migrationspolitik! Organisieren wir den Widerstand!
Gegen den Kapitalismus
Die Akkumulation von Profit und die immer ungleichere Verteilung von Vermögen bilden die Grundlage des Kapitalismus. Dieser hat seine Wurzeln in der Ausbeutung globaler Ressourcen und der Arbeiter:innen durch die Reichsten.
Dieses Wirtschaftssystem führt zu einem Massenaussterben von Spezies, zum Rückgang der Biodiversität sowie zur Verarmung von Landschaften, Gewässern und Luft. Der Kapitalismus zerstört das Leben, die Gesundheit und die Würde der Menschen, die er ausbeutet.
Ein Prozent der Superreichen verfügt über fast 50 Prozent des weltweiten Vermögens. Dem gegenüber steht der Abbau grundlegender Rechte, den ein Großteil der Weltbevölkerung erlebt. Die Realität ist ein Leben unter der Armutsgrenze, in Hunger, ohne ausreichenden Zugang zu Wohnraum, Bildung, medizinischer Versorgung und einer sauberen Umwelt.
Um ihre Profite zu sichern, intensivieren die Staatschef:innen des G7 gemeinsam mit den Kapitalisten ihre bekannten Strategien: Verlängerung der Arbeitszeit, Anhebung des Rentenalters, sinkende Löhne, steigende Mieten sowie der Abbau von Sozialleistungen und sozialem Schutz. Um diese Politik weltweit durchzusetzen, nutzen die Länder des G7 gemeinsame Schulden als Druckmittel und exportieren Sparpolitik in den öffentlichen Sektor sowie Privatisierung in den globalen Süden.
Es ist nahezu zynisch, dass diese Kriege neue Profitmöglichkeiten für die Rüstungsindustrie schaffen. Die Militarisierung unserer Gesellschaften, gerechtfertigt durch faschistische und sicherheitspolitische Diskurse, lenkt öffentliche Gelder in die Verteidigungsindustrie und verschärft die Sparpolitik.
Angesichts der Massaker an kämpfenden Völkern – etwa in Palästina, der Ukraine und im Kongo – und angesichts der Zerstörung des Lebens profitieren die Kapitalisten weiterhin.
Für die Solidarität unter Arbeiter:innen aller Länder und gegen die Plünderung demonstrieren wir gemeinsam gegen den G7!
Internationalistisches Treffen ab dem 13. Juni Große Demo am 14. Juni Weitergehendes Programm bis zum 17. Juni
Act now!, AFA Genève, Agissons Genève, Assemblée antifasciste Genève, Association Suisse-Cuba ASC Genève, Attac Chablais, BDS Genève, Breakfree Suisse, CADTM, Centre démocratique kurde de Genève CDK-G, CETIM, Collectif bâtiments vides (CBV), Collectif Urgence Palestine (CUP-Genève), Contre-Attaque & Autonomie, Coordination Étudiante pour la Palestine (CEP), CRAQ, CUAE, Grève féministe GE, Grondements des terres, Groupe Antirep GE, GSsA, Halte à la guerre, Colectivo Jaguar, Jeunesse socialiste genevoise JSG, Jeunesse solidaire, La France insoumise (LFI) Genevois, La Lime, MAPC, Marad – collectif juif décolonial, NPA-L’anticapitaliste, Outrage collectif, Parti du travail – PDT Genève, Quinto Suyo Suiza Peru, Red Wiphalas, Serhildan, Siembra Resistencia, Le Silure, Soignantexs pour la Palestine, Solidarité Tattes, solidaritéS, Soulèvements de la terre SDT Genève, Syndicat des services publics Genève, Tournoi antiraciste Genève, Union populaire, Vagues de la révolte, XR Familles, Young Struggle.